En este spinoff de la saga Windy City (La ciudad de los vientos), que es mejor leer después de la historia principal pero no requisito indispensable, descubrimos la historia de Monty, el entrenador de los Warriors, y Reese, la nueva dueña del equipo tras la jubilación de su abuelo. Precisamente porque a ambos los conocemos en libros de la saga (a Monty en el tercer libro y a Reese en el cuarto) es recomendable leerlos antes, aunque si no los has leído, en el spinoff se presentan todos los datos necesarios para entender el contexto y llegar a conocer a todos los personajes.
Reese Remington ha crecido rodeada de béisbol, un deporte que lleva en las venas, y se ha preparado toda la vida para heredar el equipo familiar. No ha sido un camino fácil y ha sufrido más de un tropiezo hasta llegar a donde está ahora, pero al fin parece haber alcanzado la meta final y su abuelo le ha dejado las riendas del equipo familiar. Reese de tonta no tiene un pelo y, por lo tanto, sabía a la perfección que convertirse en la primera dueña de un equipo de la MBL no sería fácil... pero una cosa es darlo por sentado y otra muy diferente vivirlo en carne propia.
Emmett Montgomery no necesita presentación para aquellos que ya han leído la saga principal, pero para quienes no la han leído aún... Monty, como lo conocen sus amigos, es leal y protector con sus amigos y familia. Padre soltero de Miller (protagonista del tercer libro), a quien adoptó cuando era pequeña tras el fallecimiento de su madre, con quien por aquel entonces mantenía una relación. Renunció a su carrera como jugador profesional por cuidar de su hija, y ahora que vuelve a estar laboralmente implicado con el deporte que ama con un equipo que le gusta y unos jugadores que le encantan, teme que todo se vaya al traste por la nueva jefa del equipo...
Y es que el comienzo de Reese en el equipo en complicado, todo el equipo directivo está en su contra por el hecho de que es mujer y creen que su opinión y criterio es menos válido por su género... pero la verdad es que Emmett tampoco es de gran ayuda en un principio. Y es que, aunque la situación y perspectiva de ambos se entiende totalmente debido a que tenemos capítulos narrados por ambos, Monty y Reese chocan en más de una ocasión.
Por supuesto, esa es parte de la gracia, que tenemos la oportunidad de ver cómo dejan de lado los prejuicios que tienen el uno sobre el otro y las ideas preconcebidas que los ha llevado a formarse una imagen del otro que dista mucho a la realidad para descubrir quiénes son en realidad: dos personas con ideas y gustos afines que luchan por sus ideales y que intentan hacer las cosas bien y de forma que todo el mundo salga bien parado.
Y, además de por esa parte de rivalidad inicial que a mí personalmente me chifla, he amado este libro porque Reese y Monty son lo más. Juntos son una bomba que no puedes esperar a que estalle, y por separado son la clase de personaje que querrías tener como amigo. Él, familiar y campechano; ella, elegante y decidida. Ambos tienen sus pequeños traumas del pasado que han ido forjando sus personalidades.













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